Los lunes en La Escuela Agrotécnica de Pringles nunca me habían gustado. Primero por lunes y segundo porque por la tarde teníamos ganadería y tenía que vérmelas con mis amigos conejos que me dejaban los pulmones del tamaño de un maní cuando terminaba la clase. Llegaba a las 17:30 hs. justo a casa para tomar una leche e irme a Inglés y después a básquet para volver a eso de las nueve de la noche a mi casa.
Corría algún día del año 2001 cuando con la merienda mi mama me dio un recorte de diario.
No me interesó en lo mas mínimo. Lo aparté y me fuí a seguir con mis actividades. Esa noche, durante la cena, mi mamá volvió a tocar el tema del recorte pero no le presté atención. Estaba muy cansado y era recién lunes. Pensaba en las clases venideras, en los ejercicios de inglés y en el partido de básquet del sábado.
Bueno, tengo que ser sincero y no puedo mentir desde la primera hoja: Pensaba en eso pero por sobre todo pensaba en ella, Josefina, una mina que iba a La Agro y que era más grande que yo que me volvía loco. Fue mi primer amor de la adolescencia. Y como resistirme a esa cabellera rubia ondulada, ese andar despreocupado y ese porte, sobre su bicicleta amarilla. Si existía Josefína -¡y puta que existía!-, aunque ella no estoy seguro supiera de mi existencia, que me iban a importar los diarios, la actualidad o lo que fuere. Mucho menos ése recorte. Mi mamá me hablaba y yo pensaba en ella, en todo lo que me gustaba, en lo cerca de mi casa que vivía, y lo lejos que estaba de mí su existencia. El tiempo me acercará a ella- pensaba, y no estaba tan errado.
Mi mamá terminó de hablar y me encontró indiferente. Repitió el asunto un millón de tardes y de noches, pero yo nunca la escuché. Seguramente estaba ocupado pensando en lo rubia que era Josefina, en cómo será tocar el tono FA con cejilla en la guitarra o cosas por el estilo.
Pero un día logró la proeza: me hizo leer el recorte. Quién diría, aún lo guardo:
Bueno, lo leí, cumplí y lo olvide. Era pendejo ¿que hubieras hecho vos? No me jodas.
Durante los días venideros mi madre me acosaba con preguntas del tipo: ¿Y si llamamos a ver como es? ¿Y si probamos? Total, no perdemos nada con llamar y preguntar. Y lo hizo tantas veces que decidí decirle que si, que llame, que pruebe, pero que no me moleste más.
Al tiempo llegó a mi casa un sobre con información. Un conocido folleto y demás artillería pesada.
Se preguntarán que fue de Josefina. Bueno, a esta altura ya no es más importante que el recorte.

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