Para Pino
Siempre creí que el Liceo había terminado en diciembre de 2005 con mi egreso y el viaje de egresados. Nunca fui de esos que vivían recordando viejas anécdotas melancólicas sobre cómo todo antes era mejor que ahora. Nunca me intereso en lo más mínimo, cuando me hablaban a mí, cambiaba de tema lo más rápido posible y trataba de no hacer comentarios al respecto. No sabría decir cual era (y tal vez siga siendo de alguna forma) mi
negación para con el Liceo y esos larguísimos años pasados ahí dentro. Creí que lo había olvidado, que era pasado, que no me interesaba.
Hasta que muchos años más tarde, puede que haya sido en 2008, tuve este sueño:
Estaba en el Liceo otra vez, pero no en el pasado. Sino en el presente. Era todo muy real. Estaba en el camarote. Estaba
solo. Miré a alrededor y juro que creí estar despierto. En cierto momento de lucidez me miré y note que estaba vestido con la ropa (de civil) con la que me había acostado en mi confortable cama antes de entrar en este sueño. Entonces pensaba estúpidas justificaciones para estar dentro de este sueño en esta especie de vigilia soñadora. Pensé que me sancionarían si me vieran sin el uniforme reglamentario y así fue. Apareció el Guardiamarina Gómez y me sancionó por “no circular con el uniforme reglamentario”.
Desperté y lo comprendí. Yo también extrañaba al Liceo. A mis compañeros. A todo. Incluso a lo peor de todo ese complejo pasado. Traté de negármelo hasta a mí mismo pero no pude. También había sido atrapado por esa maraña de recuerdos
melancólicos y añejos que de repente me confortaban y me hacían feliz. Me sentí alguien más importante. Y sufrí. Sufrí la extrema melancolía y negación guardadas por tanto tiempo dentro de mí en un segundo. Sentí angustia.
Y luego supe que lo que había que hacer era justamente, como el sueño. No volver atrás, sino estar ahí hoy. Vuelvo a mis pensamientos con la mentalidad de hoy para contar –no, la historia sino- mi historia.
En eso estoy.

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